Marruecos es un país que merece la pena visitar porque reúne, en un territorio relativamente pequeño, una variedad enorme de paisajes y culturas. Puedes pasar de las dunas del Sahara a las montañas del Atlas o a la costa atlántica en pocos días, cambiando por completo de escenario. Sus ciudades combinan medinas medievales, zocos llenos de vida y monumentos únicos, como las mezquitas históricas o antiguas kasbahs.
La experiencia se completa con una gastronomía sabrosa, basada en tajines, cuscús y dulces aromáticos, y con una hospitalidad muy marcada: el té de menta y la invitación a sentarse a charlar forman parte del viaje tanto como los paisajes.
